Si llegas a Florencia en tren, Firenze en italiano, antes estudia bien la localización de tu hotel, la estación de Santa Maria Novella esta prácticamente en pleno centro y es posible que puedas llegar a tu hotel andando, yo no lo hice, cogí un taxi y anduvo sólo 2 calles y porque una estaba cerrada por obras, vamos que, estaba muy cerca.
Florencia es muy cómoda de ver porque todo lo bonito está prácticamente en pleno centro. En todas las guías ponía que una de las visitas que no nos podíamos perder era subir hasta el mirador exterior de la Cúpula de Brunelleschi, en el duomo Santa María del Fiore (Flores). Duomo en italiano es catedral. Para subir a lo alto de la cúpula, no es necesario que entres en el templo pues tienes la entrada directa por la fachada norte del edificio. Te será fácil encontrarla pues seguramente verás una cola, algo que es habitual en muchos edificios, en determinadas fechas turísticas y horas del día.
Llegamos a primera hora de la mañana y ya había bastante gente esperando para entrar. Creo que el precio era sobre unos 8 euros y la verdad es que mientras subía pensaba que, en lugar de pagar yo, tenían que haberme pagado a mí por subir. 463 escalones tiene la subida. Al principio, empiezas bien, las escaleras son anchas y tienen poca pendiente, pero poco a poco las cosas empiezan a complicarse. Cuando llegas a un primer anillo interior que se encuentra bajo la bóveda de la cúpula de Brunelleschi es el momento de apreciar los frescos que la decoran, pintados a finales del siglo XVI, y que representan diversas escenas del Juicio Final. Giorgio Vasari y Federico Zuccaro son sus autores. Es un pasillo muy estrecho, y sólo hay espacio para que camine una persona, no te puedes parar, por lo que debes ir viendo los frescos según te diriges a la puerta de subida al mirador. Cuando sales de aquí accedes a una escalera de caracol larga, estrecha y super-empinada. Además hay un tramo en el que te tienes que parar, prácticamente arrinconado en una esquina para dejar pasar a los que bajan. Las escaleras de subida y bajada son distintas excepto en este tramo. Resultó bastante claustrofóbico y sólo se me ocurrió pensar si aquello respetaba las normas de seguridad actuales. Pronto llegas a un pasillo más ancho por el que irás hasta el último tramo, la escalera que te sube al mirador. Ya sin necesidad de compartirla con quienes bajan, se trata de una escalera muy empinada que puedes ver como sube directamente sobre la propia bóveda interior de la cúpula.
Una vez arriba, las vistas de Florencia son maravillosas. Y si la subida no es apta para todo el mundo, el mirador, tampoco, tiene una barandilla muy abierta y puede producir vértigo. Una vez que has recobrado la respiración y algo de fuerza, puedes empezar a ver los edificios más famosos de la ciudad. La bajada no tiene ninguna dificultad, excepto el área compartida en este caso con los que suben. Enseguida entras en otro anillo, donde puedes volver a contemplar los frescos pero ahora más cerca incluso.
Para recobrar fuerzas, nada mejor que entrar en el café Florián, el original está en la Plaza San Marcos de Venecia, pero en Florencia también hay otro, pequeñito, pero muy coqueto y degustar un buen chocolate caliente.
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contado por: Elisa
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