En el norte de Italia, muy cerca de Verona, se encuentra el lago más grande del país: el Lago Di Garda en la zona llamada Regioni dei Laghi o región de los lagos. Este es un lago de forma alargada de sur a norte que apunta hacia los Alpes, los cuales comienzan a ser visibles desde aquí. Es una zona muy turística y muy visitada sobretodo en los meses de verano europeo.
A mi me tocó estar por ahí a mitad de agosto, justo en el momento en que toda Italia parece estar de vacaciones. Veníamos en auto desde Austria y queríamos quedarnos en algún lugar para descansar y hacer un poco de relax junto a un mar (nada cerca), un río (difícil), un lago... ¡Un lago!... compramos la idea y comenzamos a rodearlo para encontrar que sitio elegir. Guía Michelin en mano vimos dos lugares destacados, Gardone Riviera y una pequeña península que se adentraba bastante en el lago: Sirmione... y allá fuimos, sin tener idea de lo correcta que había sido la elección.
Bajando de la autopista A4 hacia la derecha en el trecho que va de Verona a Brescia son pocos kilómetros hasta que encontramos el ingreso al pueblo. Uno se va introduciendo en la península por una calle principal de una mano y a medida que se avanza se empieza a observar como la península se empieza a achicar por lo que lograremos divisar tanto a derecha como a izquierda las aguas del Lago di Garda. Ya estamos dentro. Muchos lugares para quedarse, mucha oferta de camas pero la idea era llegar al final, hasta la punta.
No fue posible. Cuando la cosa se estaba poniendo cada vez más linda, más tradicional, más antigua y clásica tuvimos que parar. Habíamos llegado casi al casco histórico y allí no se puede ingresar con automóvil. Hay unos postes que se elevan desde el suelo y solo dan lugar para que la gente pase caminando. Algunos autos, de vez en cuando ingresaban. Unos guardias hacían descender los postes para que pasaran. Eran las personas que vivían o que estaban alojadas en hoteles dentro del pueblo con estacionamiento propio. Los demás afuera. Estacionamos y llegamos a un canal que separaba totalmente la península en dos. Para llegar a la parte más vieja, un puentecito que da a una construcción medieval con una alta pared, varias torres de las típicas de los castillos y varias personas caminando por ellas. Es la Rocca Scaligera, una fortaleza del siglo XV. Hermosa recepción.
Se pasa por el inmenso pórtico de la construcción y se ingresa en un lugar maravilloso. Una hermosa plaza central rodeada de típicos edificios estilo italiano de varios pisos, pintados de diversos colores. En toda la plaza decenas de mesas, sillas y sombrillas de los distintos bares y restaurantes que nos ofrecen sus servicios.
Una vez en la plaza, a la izquierda, al fondo y pasando por ese laberinto de oferta gastronómica el muelle y sus barquitos amarrados. Encantador, de sueño. Hace falta ir en ese mismo momento al muelle, verlo lo antes posible porque es irresistible. Al llegar, una vista fantástica del lago, la costa de enfrente con sus pueblos y a la derecha la imagen de las primeras montañas de los Alpes. ¿Qué más pedir? Tal vez, lo único que hace falta para paliar un poco el calor es uno de los famosos "gelati" de alguna de las varias heladerías del lugar. Unas bochas de stracciatella, de giandula o de bacio harán del paseo algo inolvidable.
Finalmente y por suerte pudimos conseguir hotel dentro del pueblo, ingresar con el auto y quedarnos unos días a descansar en ese paraíso. Lago o piscina durante el día, salida a recorrer el pueblito y a cenar por las noches y tampoco faltó el necesario choque con la cultura antigua. Bien en la punta de la península, donde la misma termina y solo queda el agua y la vista de las montañas al fondo, se encuentra una gigantesca villa romana que perteneció al poeta Cátulo conocida como "Grotte di Catullo"
Además, Sirmione es también conocido por sus instalaciones de aguas termales especializadas en tratamientos de enfermedades de las vías respiratorias.
Como pueden ver, hay de todo y para todos los gustos. Historia, relajación y buen entorno se unen aquí para pasar unos días espléndidos.
Vale la pena.
No se lo pierdan.
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